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1.11.16

LA MUERTE ES EL MAYOR ENIGMA DE LA VIDA HUMANA

LA MUERTE ES EL MAYOR ENIGMA DE LA VIDA HUMANA

      La Festividad de todos los difuntos nos invita a mirar a la muerte desde la perspectiva cristiana y no caer en la “desesperación más profunda”. El Vaticano II, en la Constitución Dogmática “Gaudium et Spes”, lo expresa bellamente: “El máximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disolución progresiva del cuerpo. Pero su máximo tormento es el temor por la desaparición perpetua. … Mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. … (G.S. 18)
     La muerte nos acerca a las personas a nuestro interior más que la presencia física y nos despierta del sueño de lo inmediato y sensorial. La muerte es el combate más pálido de la existencia humana pero que nos da la oportunidad de sumergirnos en el secreto de los muertos de ayer, testigos predilectos de la fugacidad de la vida y del tiempo.
     La muerte es el palpitar silencioso que nos hace estallar en lo cotidiano y nos acerca sin notarse a la más clara memoria: ser hijos de la tierra y peregrinos hacia el cielo.

     Martín Descalzo, sacerdote y escritor católico, vivió su proceso de enfermedad de manera admirable. Él decía que “Morir es sólo morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba”.
     ¡Qué bien supo expresar Martín Descalzo que para el cristiano la muerte no es la palabra última de la existencia humana y que la muerte es la puerta que nos acerca a lo que tanto buscamos y anhelamos, el encuentro con el Eterno!



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