BUENA NOTICIA
La nueva evangelización requiere una presencia constante en los medios de comunicación social, especialmente en Internet. Gracias por participar en este blog.
lunes, 9 de abril de 2012
LA FELICIDAD
LA FELICIDAD
El hombre siempre busca la felicidad. La vida del hombre es una aspiración hacia la felicidad. A veces, buscamos la felicidad fuera de nosotros mismos y nos equivocamos, pues la felicidad está dentro de nosotros mismos.
Nuestra principal tarea en la vida es ser felices. Ese el deseo de Dios, pero el camino más seguro es hacer felices a los demás. ¡Sé feliz haciendo felices a los demás!
miércoles, 18 de enero de 2012
19-01-2012 ( JUEVES)
19-01-2012 ( JUEVES)
El Evangelio de San Marcos hoy nos presenta cómo frente a los fariseos y herodianos que confabulan contra Jesús para eliminarle, mucha gente se muestran entusiasmadas con Jesús y le siguen de Galilea, Judea, Jerusalén, Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón. Y muchos que padecían dolencias s ele echaban encima para tocarle. (cf. Mc 3,7-12). Hagamos nuestra esta oración de Benjamín González Buelta, sj. Para dirigirnos al Padre: “Necesito tu presencia, un tú inagotable y encarnado que llena toda mi existencia, y tu ausencia, que purifica mis encuentros de toda fibra posesiva.
Necesito el saber de ti que da consistencia a mi persona y mis proyectos, y el no saber que abre mi vida a tu novedad y a toda diferencia. Necesito el día claro en el que brillan los colores y se definen los linderos del camino, y la noche oscura en la que se afinan mis sentimientos y mis sentidos. Necesito la palabra en la que te dices y me digo sin acabar nunca de decirnos, y el silencio en el que descansa mi misterio en tu misterio. Necesito el gozo que participa de tu alegría, última verdad tuya y del mundo, y el dolor".
Oramos en esta Semana de Oración por la Unidad de los cristianos. Dios Padre nuestro, nos alegramos de que en todo momento, lugar y cultura, la gente se vuelve hacia ti para orar. Te damos gracias sobre todo por el ejemplo y la enseñanza de tu Hijo, Jesucristo, que nos enseñó a perseverar en la oración para que venga tu reino. Enséñanos a orar mejor entre los cristianos reunidos, para que tengamos siempre conciencia que tú nos guías y nos animas a través de todas nuestras alegrías y nuestros dolores, con la fuerza del Espíritu Santo.
El Evangelio de San Marcos hoy nos presenta cómo frente a los fariseos y herodianos que confabulan contra Jesús para eliminarle, mucha gente se muestran entusiasmadas con Jesús y le siguen de Galilea, Judea, Jerusalén, Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón. Y muchos que padecían dolencias s ele echaban encima para tocarle. (cf. Mc 3,7-12). Hagamos nuestra esta oración de Benjamín González Buelta, sj. Para dirigirnos al Padre: “Necesito tu presencia, un tú inagotable y encarnado que llena toda mi existencia, y tu ausencia, que purifica mis encuentros de toda fibra posesiva.
Necesito el saber de ti que da consistencia a mi persona y mis proyectos, y el no saber que abre mi vida a tu novedad y a toda diferencia. Necesito el día claro en el que brillan los colores y se definen los linderos del camino, y la noche oscura en la que se afinan mis sentimientos y mis sentidos. Necesito la palabra en la que te dices y me digo sin acabar nunca de decirnos, y el silencio en el que descansa mi misterio en tu misterio. Necesito el gozo que participa de tu alegría, última verdad tuya y del mundo, y el dolor".
Oramos en esta Semana de Oración por la Unidad de los cristianos. Dios Padre nuestro, nos alegramos de que en todo momento, lugar y cultura, la gente se vuelve hacia ti para orar. Te damos gracias sobre todo por el ejemplo y la enseñanza de tu Hijo, Jesucristo, que nos enseñó a perseverar en la oración para que venga tu reino. Enséñanos a orar mejor entre los cristianos reunidos, para que tengamos siempre conciencia que tú nos guías y nos animas a través de todas nuestras alegrías y nuestros dolores, con la fuerza del Espíritu Santo.
sábado, 1 de octubre de 2011
BÚSQUEDA ARDIENTE
BÚSQUEDA ARDIENTE
"¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido"
(SAN JUAN DE LA CRUZ)
Si pudiera alcanzar tus manos invisibles en la noche
cuando los lobos feroces de lo dentro aúllan de miedo
y los duendes del alma suspiran en silencio
entonces podría decir que mi búsqueda no era inútil.
Si alcanzara tus labios encendidos en los rezos
cuando los salmos se hacen gaviotas en el pensamiento
y las palabras palomas mensajeras del deseo
entonces podría decir que mi oración alcanzó la fuente.
Si hilvanara tus mil mundos cosidos en la memoria
cuando la herida suspira hondo sin dejar consuelo
y los versos claman un laberinto de pasiones
entonces podría decir que mi vida no ha sido en vano.
Si pudiera subir despacio a lo más alto del abismo
cuando los temores reclaman un signo sin paciencia
y las sospechas humedecen el poco espacio creyente
entonces podría decir que mi misión ha sido cumplida.
"¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido"
(SAN JUAN DE LA CRUZ)
Si pudiera alcanzar tus manos invisibles en la noche
cuando los lobos feroces de lo dentro aúllan de miedo
y los duendes del alma suspiran en silencio
entonces podría decir que mi búsqueda no era inútil.
Si alcanzara tus labios encendidos en los rezos
cuando los salmos se hacen gaviotas en el pensamiento
y las palabras palomas mensajeras del deseo
entonces podría decir que mi oración alcanzó la fuente.
Si hilvanara tus mil mundos cosidos en la memoria
cuando la herida suspira hondo sin dejar consuelo
y los versos claman un laberinto de pasiones
entonces podría decir que mi vida no ha sido en vano.
Si pudiera subir despacio a lo más alto del abismo
cuando los temores reclaman un signo sin paciencia
y las sospechas humedecen el poco espacio creyente
entonces podría decir que mi misión ha sido cumplida.
sábado, 17 de septiembre de 2011
I CORREO: ANA SE HA ENAMORADO
I CORREO: ANA SE HA ENAMORADO
Me llenó de satisfacción tu correo electrónico. Me comentabas muchas cosas que me conmovieron. De entre las muchas me decías que habías conocido a un chico... ¡Y que te habías enamorado locamente de él!
Tú estás llamada a conquistar cada día mayores cotas de felicidad. Y ese proyecto gigante de realización sólo se hace posible en la medida en que asumas tu vida como un don y una conquista.
Tu relación con ese chico, al que tú consideras “especial”, necesita ser madurada y “rehecha” desde el conocimiento y la amistad mutua. Ahora bien, el secreto de esa relación con él, al que estás empezando a conocer, debe ser, sin duda, la aceptación por sí mismo, por el “ser” y no por el “tener”.
Seguro que el enamoramiento que profesas a ese chico, ¡no importa su nombre!, está llamado a crecer continuamente y a conquistar el amor en su totalidad desde una entrega cada día más auténtica. Por esta razón, esta relación debe ser “cocida”, como el pan en el horno, desde la confianza más integradora y la esperanza más cierta.
No olvides nunca que estás llamada a vivir la vida desde el amor y la confianza. Pero cuando ames ten conciencia de que tú misma has entrado en el dinamismo mágico que rompe el poder del egoísmo y la invasión del odio. El amor busca “amantes” para hacerlos partícipes de su fuerza y de su fuego. Y recuerda, a pesar de tus penumbras, que el amor brota del mismo Dios.
En la senda de tu vida, en ocasiones tortuosa y difícil, debes extraer de su esencia lo mejor. Seguro que te repetirás en cada minuto que tu vida sin ese chico sería anodina y monótona, vulgar y diferente, sin esperanza ni calor. Sin duda, que le repetirás en el silencio de tu corazón, sin palabras, mirándole a los ojos: “¡qué bueno es que existas!
Quiero comentarte que en tu seguimiento a Cristo debes encontrar razones para esperar, para confiar y para vivir. Desde Él has de preguntarte si estás llamada al matrimonio
Haz tuya esta oración que rezó un joven cuando conoció a la que hoy es su mujer: “Señor, si tú quieres que ésta sea mi mujer dale la capacidad de amarme a mi más que a ella misma; Señor si tú quieres que yo sea su marido dame la capacidad de amarla más que a mi mismo; Señor, si quieres que seamos esposos danos la capacidad de amarte a Ti más que a nosotros mismos y desde Ti ser un bendición para los que nos rodean”.
Un amigo.
Me llenó de satisfacción tu correo electrónico. Me comentabas muchas cosas que me conmovieron. De entre las muchas me decías que habías conocido a un chico... ¡Y que te habías enamorado locamente de él!
Tú estás llamada a conquistar cada día mayores cotas de felicidad. Y ese proyecto gigante de realización sólo se hace posible en la medida en que asumas tu vida como un don y una conquista.
Tu relación con ese chico, al que tú consideras “especial”, necesita ser madurada y “rehecha” desde el conocimiento y la amistad mutua. Ahora bien, el secreto de esa relación con él, al que estás empezando a conocer, debe ser, sin duda, la aceptación por sí mismo, por el “ser” y no por el “tener”.
Seguro que el enamoramiento que profesas a ese chico, ¡no importa su nombre!, está llamado a crecer continuamente y a conquistar el amor en su totalidad desde una entrega cada día más auténtica. Por esta razón, esta relación debe ser “cocida”, como el pan en el horno, desde la confianza más integradora y la esperanza más cierta.
No olvides nunca que estás llamada a vivir la vida desde el amor y la confianza. Pero cuando ames ten conciencia de que tú misma has entrado en el dinamismo mágico que rompe el poder del egoísmo y la invasión del odio. El amor busca “amantes” para hacerlos partícipes de su fuerza y de su fuego. Y recuerda, a pesar de tus penumbras, que el amor brota del mismo Dios.
En la senda de tu vida, en ocasiones tortuosa y difícil, debes extraer de su esencia lo mejor. Seguro que te repetirás en cada minuto que tu vida sin ese chico sería anodina y monótona, vulgar y diferente, sin esperanza ni calor. Sin duda, que le repetirás en el silencio de tu corazón, sin palabras, mirándole a los ojos: “¡qué bueno es que existas!
Quiero comentarte que en tu seguimiento a Cristo debes encontrar razones para esperar, para confiar y para vivir. Desde Él has de preguntarte si estás llamada al matrimonio
Haz tuya esta oración que rezó un joven cuando conoció a la que hoy es su mujer: “Señor, si tú quieres que ésta sea mi mujer dale la capacidad de amarme a mi más que a ella misma; Señor si tú quieres que yo sea su marido dame la capacidad de amarla más que a mi mismo; Señor, si quieres que seamos esposos danos la capacidad de amarte a Ti más que a nosotros mismos y desde Ti ser un bendición para los que nos rodean”.
Un amigo.
miércoles, 24 de agosto de 2011
ESOS CURAS QUE LLORAN
ESOS CURAS QUE LLORAN
Ellos son la herida abierta del Misterio
y acarician, de vez en cuando, la esencia,
aquella que se esconde en el arrepentimiento,
aquella que acaricia la sospecha.
¡Sí, no dejéis de llorar con los que lloran,
con los que humedecen su alma en la soledad,
con los que besan cada día la desgracia,
con los que rezan su oración en el silencio,
con los que dejan su dolor en el desierto!
Ellos son los débiles cubiertos de Gloria
y abrazan, de vez en cuando, lo perfecto,
aquella que reclama la gente a los buenos,
aquella que poseen los héroes en su alforja.
¡Sí, no dejéis de llorar con los que lloran,
con los que viajan día y noche con su escarcha,
con los que gritan sin consuelo sus lágrimas,
con los que acumulan años de sequedades,
con los que galopan encima de los recuerdos!
Ellos son los aliados de los cuentos
y deshojan, de vez en cuando, la esperanza,
aquella que estalla a pesar de las represiones,
aquella que germina en las cenizas de la historia.
Ellos son la herida abierta del Misterio
y acarician, de vez en cuando, la esencia,
aquella que se esconde en el arrepentimiento,
aquella que acaricia la sospecha.
¡Sí, no dejéis de llorar con los que lloran,
con los que humedecen su alma en la soledad,
con los que besan cada día la desgracia,
con los que rezan su oración en el silencio,
con los que dejan su dolor en el desierto!
Ellos son los débiles cubiertos de Gloria
y abrazan, de vez en cuando, lo perfecto,
aquella que reclama la gente a los buenos,
aquella que poseen los héroes en su alforja.
¡Sí, no dejéis de llorar con los que lloran,
con los que viajan día y noche con su escarcha,
con los que gritan sin consuelo sus lágrimas,
con los que acumulan años de sequedades,
con los que galopan encima de los recuerdos!
Ellos son los aliados de los cuentos
y deshojan, de vez en cuando, la esperanza,
aquella que estalla a pesar de las represiones,
aquella que germina en las cenizas de la historia.
sábado, 20 de agosto de 2011
EL MARAVILLOSO DON DE LA AMISTAD
-EL MARAVILLOSO DON DE LA AMISTAD
Cuando el Señor nos concede el regalo de un amigo entonces los pasos inciertos de la vida se hacen más llevaderos y nuestra existencia se ilumina con el don de la compañía íntima que satisface el corazón. ¡”Vuestro amigo es la contestación a vuestras necesidades" (Gibran)!
“Amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y nuestra desgracia sin ser llamados”, afirmaba sabiamente Demetrio de Falerea.
También el libro del Eclesiástico tiene palabras preciosas para el amigo: "Un amigo fiel es un talismán: el que teme a Dios lo alcanza" (Eclo 6,16); "No deseches al amigo viejo,
porque al nuevo no lo conoces; amigo nuevo es vino nuevo: deja que envejezca y lo beberás" (Eclo 9,10).
La amistad es el mayor regalo que podemos recibir en nuestra existencia y el mayor reclamo de la vida es buscar al amigo que sea capaz de iluminar con su sola presencia los huecos de nuestro corazón, porque “un amigo no es aquel que te seca las lágrimas, sino aquel que evita que las derrames” (Anónimo)
El amigo es un compañero de viaje que contagia con su presencia los caminos del peregrinar que llevamos y en los momentos de dolor está sin preguntar, sin exigir, sin controlar, sin criticar, sin huir. ¡Si, como bien decía Gregor, “Un amigo es mas que un hermano, más que un padre. Bueno, es otra cosa, es un compañero”!
El amigo es la llama de nuestra hoguera que arde sin consumirse aún sin estar cerca.
El amigo nos recrimina con la máxima caridad nuestros fallos pero fíate de él cuando te mira a los ojos y te dice verdades como puños. No esperemos un amigo adulador y calculador, ajeno a la verdad y a la crítica. Ya lo decía Alfred de Muset: “Lo malo del amigo es que nos dice las cosas desagradables a la cara; el enemigo las dice por la espalda”.
¡Por favor, si tienes un amigo cuídalo, ámalo, protégelo, invítalo! Será lo mejor que te ocurra en tu vida.
Cuando el Señor nos concede el regalo de un amigo entonces los pasos inciertos de la vida se hacen más llevaderos y nuestra existencia se ilumina con el don de la compañía íntima que satisface el corazón. ¡”Vuestro amigo es la contestación a vuestras necesidades" (Gibran)!
“Amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y nuestra desgracia sin ser llamados”, afirmaba sabiamente Demetrio de Falerea.
También el libro del Eclesiástico tiene palabras preciosas para el amigo: "Un amigo fiel es un talismán: el que teme a Dios lo alcanza" (Eclo 6,16); "No deseches al amigo viejo,
porque al nuevo no lo conoces; amigo nuevo es vino nuevo: deja que envejezca y lo beberás" (Eclo 9,10).
La amistad es el mayor regalo que podemos recibir en nuestra existencia y el mayor reclamo de la vida es buscar al amigo que sea capaz de iluminar con su sola presencia los huecos de nuestro corazón, porque “un amigo no es aquel que te seca las lágrimas, sino aquel que evita que las derrames” (Anónimo)
El amigo es un compañero de viaje que contagia con su presencia los caminos del peregrinar que llevamos y en los momentos de dolor está sin preguntar, sin exigir, sin controlar, sin criticar, sin huir. ¡Si, como bien decía Gregor, “Un amigo es mas que un hermano, más que un padre. Bueno, es otra cosa, es un compañero”!
El amigo es la llama de nuestra hoguera que arde sin consumirse aún sin estar cerca.
El amigo nos recrimina con la máxima caridad nuestros fallos pero fíate de él cuando te mira a los ojos y te dice verdades como puños. No esperemos un amigo adulador y calculador, ajeno a la verdad y a la crítica. Ya lo decía Alfred de Muset: “Lo malo del amigo es que nos dice las cosas desagradables a la cara; el enemigo las dice por la espalda”.
¡Por favor, si tienes un amigo cuídalo, ámalo, protégelo, invítalo! Será lo mejor que te ocurra en tu vida.
sábado, 11 de junio de 2011
Que la Iglesia entre en ti
Que la Iglesia entre en ti
Una mujer creyente le decía continuamente a su hijo: “No basta que vayas a la Iglesia, sino que la Iglesia entre en ti”
Aquella mujer tenía toda la razón. Muchas veces, la aparente práctica religiosa es fría y no sale de los límites del cumplimiento. Son ritos vacíos que no arañan ni tan siquiera un trozo de conversión en nuestro interior.
Jesús de Nazareth lanzó grandes ataques contra esas posturas farisaicas y faltas de interioridad. Él decía palabras tan fuertes como éstas: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!” (Mt 23, 23-24).
¡Por favor, que la Iglesia entre en tí y puedas vivir el Evangelio en toda su densidad!
Una mujer creyente le decía continuamente a su hijo: “No basta que vayas a la Iglesia, sino que la Iglesia entre en ti”
Aquella mujer tenía toda la razón. Muchas veces, la aparente práctica religiosa es fría y no sale de los límites del cumplimiento. Son ritos vacíos que no arañan ni tan siquiera un trozo de conversión en nuestro interior.
Jesús de Nazareth lanzó grandes ataques contra esas posturas farisaicas y faltas de interioridad. Él decía palabras tan fuertes como éstas: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!” (Mt 23, 23-24).
¡Por favor, que la Iglesia entre en tí y puedas vivir el Evangelio en toda su densidad!
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